Nafarroa Eguna. Dia de la pàtria del poble de Navarra

 

3 de diciembre de 2017

Amigas y amigos de Orreaga Fundazioa, amigas y amigos del Pueblo de Navarra,

Nafarroako herritarrak! Festa egun ona pasa denok!

imagesEn primer lugar daros las gracias por invitarme y en segundo lugar por este reconocimiento al proceso de autodeterminación catalán. Ya que no es un premio individual, permitirme que os diga que lo merecemos, muchísimo, y más lo vamos a merecer. Porque estamos llegando al final de la partida y, si nuestros líderes políticos y nuestros partidos abertzales hacen lo que deben de hacer, el desenlace será el que hemos esperado y por el que hemos luchado durante todo este tiempo.

El 13 de agosto de 1940, el president de la Generalitat de Catalunya, Lluís Companys i Jover, fue detenido por la Gestapo durante su exilio en Francia. Entregado a las autoridades franquistas, se le abrió una causa por ser ‘president de la Generalitat de Catalunya’ y, después de un breve encierro en Madrid, fue trasladado a Barcelona, al Castell de Montjuïc, donde fue fusilado, asesinado, en el fossar de Santa Eulàlia -tras una farsa de juicio- el 15 de octubre de 1940.

77 años después, el president Carles Puigdemont i Casamajó vive exiliado en Bruselas mientras espera la respuesta de la fiscalía belga a la petición de extradición de los tribunales españoles.

Durante estos 77 años hemos vistos muchos cambios -y demasiados parecidos razonables, también-, sin embargo, pasa desapercibido un auténtico giro copernicano en la historia.

La España que fusiló, asesinó, al President Companys era una España vencedora que haría del fuego y la sangre su santo y seña para someter toda forma de disidencia o de reivindicación nacional más allá de la una, grande y libre.

La Espanya de 2017 es una España en declive constante que ya ni siquiera puede ocultar sus formas predemocráticas sino que las ha convertido en su única tarjeta de presentación.

Honoráis a Catalunya con vuestro reconocimiento y difícilmente os puedo explicar el orgullo que siento al recibirlo, lo orgulloso que se sentiría cualquier catalán al recibirlo y, ni que decir, si lo recibiera el propio President Puigdemont. Pero vamos a ser sinceros, algunos de vosotros -como algunos de nosotros en Catalunya- creéis que estamos al final de un viaje bonito. Nada más lejos de la verdad.

Cada golpe de porra que recibieron los votantes del referéndum del 1 de octubre, cada día en prisión de nuestros líderes políticos o civiles, cada día en el exilio de nuestros gobernantes, cada querella contra los alcaldes que facilitaron y garantizaron el derecho democrático a expresarse de su ciudadanía… cada una de estas acciones, sumadas a toda la represión política, social y económica que acumula España en Catalunya, ha hecho mella en el frágil disfraz democrático del Estado español y lo evidencia en la anormalidad de un Estado donde votar es un crimen que se paga con cárcel antes de ser juzgado, pero agredir a representantes políticos catalanes desde la ultraderecha española y tener una condena firme, no implica prisión.

El Estado que financia y permite la existencia de una fundación Francisco Franco, en honor al sanguinario que asesinó al President Companys y a centenares de miles de personas, es un Estado que no atiende a razones porque no las tiene. Y eso, creedme, es el principio del fin de un Estado.

En Catalunya estamos enfadados, si me lo permitís, estamos muy cabreados. Porque desde los más jóvenes a los más mayores hicimos una demostración de ejercicio del derecho a la autodeterminación el pasado 1 de octubre. Tuvimos una capacidad de disciplina, eficacia, eficiencia y organización, que hizo que toda la inteligencia española no pudiera encontrar ni una sola de nuestras urnas. Y esa misma organización, a pesar de la violencia, hizo posible que tres millones de personas, bastante más del 50%, ejercieran su derecho a votar y que a pesar de los ataques, 2,3 millones pudieron ser contabilizados.

Los que hace más de 40 años ya pertenecíamos a organizaciones independentistas minoritarias. Las 40 personas que hace 7 años reprendimos y fundamos el embrión de lo que luego fue la Assemblea Nacional de Catalunya, no estamos en absoluto tristes por lo que estamos pasando, con la intervención de nuestras instituciones de gobierno y nuestros representantes políticos y sociales.

Y no lo estamos porque sabemos que esa lucha vale, que su sacrificio vale, como lo valió el de millones de personas que protegieron urnas y votos. Votos, quiero recordarlo, que podían ser en blanco, a favor o en contra de la independencia o podían abstenerse, sabiendo que en las democracias occidentales la abstención, es la aceptación del resultado, sea cual sea, estés más o menos de acuerdo.

Y os digo que es el principio del fin de España y el principio del nuevo inicio de Catalunya, porque mientras la arquitectura del Estado, desde la monarquía al Gobierno, desde el Senado al Congreso pasando por esa tercera cámara puesta a dedo y no escogida democráticamente como es el Tribunal Constitucional, pasando por todos sus tribunales de excepción o excepcionados, no tiene otra respuesta a nuestro reto político que la represión, la prisión y la violencia; cuando sólo considera ‘buenos catalanes’ aquellos que acatan y sonríen ante sus bajezas…, en el otro lado, el proceso de creación de la República no mira orígenes, ni apellidos ni trayectorias. Vale con el deseo de ser República.

Y ese deseo no es encarcelable ni querellable, porque la República somos nosotros. Somos cada una de les personas que cree en un futuro mejor y en los principios democráticos esenciales. Lo que no sabe el Estado o no ha querido ver, es que este proceso lo inició el pueblo y lo acabará el pueblo por muchos encarcelados, querellados o perseguidos que quieran.

No soy quien para decir dónde llegará Nafarroa en su deseo de libertad, pero os aseguro que viendo esta plaza tengo claro que llegará donde quiera porque, al igual que en Catalunya, hemos descubierto que la República es mucho más que el territorio, las fronteras y las banderas. Mucho más.

En Catalunya hemos descubierto que la República somos nosotros y que no tenemos más límites que los que nos queramos imponer. Y que queremos líderes y partidos políticos que, como mínimo, sean igual de valientes que lo fuimos los ciudadanos el 1 de octubre e igual de obedientes al mandato popular que expresamos el 27 de septiembre de 2015. Solo depende de nosotros mismos y el mismo esfuerzo colectivo que hicimos el 1 de octubre, lo haremos, en la misma forma, el 22 de diciembre. Democráticamente, SÍ. Cívicamente, SÍ. Pacíficamente, SÍ. Pero no rehuiremos el envite. Ellos ahora dicen que no utilizaran cualquier tipo de violencia pero si quieren usar la que utilizaron el 1 de octubre nos encontraran, de la misma manera, con las manos y brazos levantados defendiendo, reitero, pacíficamente y en paz, la República -proclamada el 27 de octubre- y nuestras instituciones.

Tenemos exilio y prisión, sí, pero Companys puede, con la misma dignidad con la que murió asesinado con los pies desnudos, mirada firme y al grito de “per Catalunya”, respirar tranquilo, esta vez nos obligan a elegir de nuevo entre soberanía y sumisión. Y tenemos la respuesta:

Visca Catalunya lliure!

Visca els Països Catalans lliures!

Gora Nafarroa askatuta!

Gora Euskal Herria askatuta!

 

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