El último episodio para la independencia de Catalunya

15189399966_cebb75387f_nAviso para navegantes: el proceso de independencia de Catalunya va a dirimir sus últimas cuestiones durante el próximo curso político. Podrá tomar una u otra deriva, pero la próxima primavera conoceremos el final de un proyecto cívico, pacífico, democrático y transversal que se enfrenta a un estado que ha optado por la criminalización y la judicialización cómo una única respuesta.

Ello implica que desde Catalunya insistiremos en la vía democrática cómo una opción de lucha y resistencia pero implica, también, plena conciencia de los métodos antidemocráticos que usará el estado para impedir, precisamente, la culminación de dicho proyecto de acuerdo con unos principios democráticos esenciales. No es ninguna novedad pero no por ello debemos pasarlo por alto y normalizarlo. Tampoco para vosotros, lectores de Euskal Herria, que en las últimas horas observáis como el estado español vuelve a mostrar su cariz más antidemocrático pretendiendo la inhabilitación de Arnaldo Otegi, encarcelado por la buscar la paz y inhabilitado, sin ninguna duda, por conseguirla. Hoy el Estado español se asemeja más a aquellos estados que depuran todo aquello que va en contra de su ‘régimen’ que a cualquier democracia europea. Se evidencia con Otegi y es evidente, también, con el proceso de independencia catalán.

Cuando hablamos del Estado y de la arquitectura del Estado es bueno recodar que se sostiene sobre un sistema de partidos que lo protege y lo sostiene en ése estadio de predemocracia. Así, en lo que se refiere al proceso de independencia catalán, conviene recordar que las diferencias entre PP, PSOE, Ciudadanos, Izquierda Unida y Podemos es meramente formal. Insisto, puramente estética. Todos ellos -para vergüenza de los autodenominados reformadores progresistas de izquierdas- coinciden en el hecho falaz que todo acto político debe respetar la Constitución española y que no es posible evolucionar políticamente al margen de la legalidad establecida. Poco les importa que dicha legalidad colisione con la determinación política expresada por una mayoría de la sociedad catalana y que se exprese políticamente con una mayoría absoluta en el Parlament de Catalunya. El mismo Podemos con piel de oveja para el que sólo existen banderas republicanas durante las campañas electorales, en los mítines, pero que en el curso de su actuación política ha sido incapaz de poner en duda la monarquia instaurada por Franco. Y si hace falta, se hacen la foto con el Borbon y le ríen las gracias.

Es más, defender una referéndum acordado con el Estado observando las perspectiva política en Cortes españoles -como hace Podemos en Catalunya- es, directamente, abonar las tesis unionistas puesto que ofrecen una alternativa que saben perfectamente irrealizable.

Paradójicamente, esa muestra de unidad política de los partidos de obediencia española resulta tremendamente ejemplar para las formaciones catalanas que abordan el último tramo del proceso independentista. Entre los partidarios de la independencia no puede existir el mínimo rastro de estrategia partidista que pueda minar una unidad política imprescindible para abordar el último tramo del proceso.

El primer momento en que observaremos el estado de salud de dicha unidad será la moción de confianza planteada por el presidente Puigdemont. Miembros destacados de la CUP, y de su nuevo Secretariado Nacional, ya han expresado públicamente que dicho escollo será superado sin ningún obstáculo. Una buena manera de empezar el curso político.

También resultará un buen momento para demostrar que en cada momento nos centramos en aquello que nos ocupa y que no ofrecemos espacio para que la insidia oportunista empañe un mensaje político de unidad claro y diáfano. Si hablamos de la cuestión de confianza hablamos de la cuestión de confianza. No hablamos de presupuestos ni de cualquier otra cuestión que, teniendo importancia capital y ser absolutamente imprescindibles -sin presupuestos no podremos avanzar-, tendrá su momento ulterior de discusión y acuerdo.

Contamos, como siempre, con la habitual colaboración de los aparatos del Estado que ya han considerado oportuno judicializar el comportamiento político y reglamentario de la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, y de toda la mesa del mismo. Tenemos, también, pendientes los procesos judiciales contra el expresidente Mas y sus dos consejeras a raíz de la consulta del 9N. Las probables penas en forma de inhabilitación o los propios procesos judiciales serán oportunidades magníficas para demostrar que el proceso de autodeterminación que protagoniza Catalunya ya da muestras clara no ya de desobedéncia, sino de estricta observancia de una democracia radical que obedece al poder legislativo legalmente establecido, el Parlament, a la vez que desoye tribunales externos que intentan laminar o limitar su soberanía política.

Dicha dinámica española evoluciona en paralelo a una incapacidad de acuerdo en Cortes, con el sainete de nuevas elecciones rondando como en los últimos ocho meses. Rajoy escondido y arropado por un electorado que no deja de sorprendernos; un Rivera que necesita de gobierno si no quiere ir a unas elecciones que le convertirán en un actor español minoritario sin ningún tipo de incidencia; Sánchez incapaz de demostrar talla política más allá de las imposiciones de sus barones (una talla, me permito apuntar, que le podría ser reconocida y hasta premiada por su electorado si se atreviera a pactar un referéndum con fecha determinada); e Iglesias erosionando, cada día que pasa, un liderazgo que se demuestra frágil y a expensas de equilibrios imposibles entre ética y estética.

En contraposición a dicho caos político estatal, si se confirman unos terceros comicios -y estoy muy convencido de ello-, desde Catalunya tenemos una nueva oportunidad para demostrar la singularidad política de Catalunya, con el permiso de Euskal Herria, en el mapa estatal.

Sabemos que estamos al final del recorrido del proceso y nuestra voluntad es mantenernos, hasta el final, de la misma manera que empezamos: con el carácter cívico, pacífico, democrático y transversal que lo caracteriza. La voluntad de finalizarlo con las urnas nos obligará ha llevar a cabo el referéndum unilateral de independencia que determinará cual es la voluntad del pueblo de Catalunya.

Abordamos, pues, un curso político crucial que requiere de cada actor político catalán la mayor dosis de generosidad, autoexigencia, dignidad, sentido de estado y voluntad de acuerdo. Más allá del Estado, de sus cloacas y de sus pretensiones sancionadoras, tenemos a nuestra alcance un futuro que depende, como nunca, de nosotros mismos.

Y no tengáis ninguna duda, estamos preparados y determinados a ganar un futuro de libertad.

Víctor Terradellas i Maré

http://www.berria.eus/paperekoa/1832/015/003/2016-09-04/independentziarako_azken_atala.htm

Identitats a Europa: Riscs i Oportuitats

sopar-20160803

  • Moltes gràcies als amics del PSM, moltes gràcies Guillem, per organitzar aquesta trobada i per pensar que podia aportar algunes idees que us poden ser útils.
  • De fet faré exactament això, intentar deixar-vos algunes idees i propostes i, si us sembla, en acabar aquesta primera exposició encetem el diàleg. Finalment, és l’àgora on aprenen les persones, no pas en els monòlegs.
  • Em va semblar bona idea el títol de la xerrada perquè interconnecta qüestions aparentment allunyades (el Brexit, a la part europea més occidental) i la crisi dels refugiats (originada a la part més oriental del continent).
  • Una i altra qüestió, però, posen sobre la taula la qüestió de la identitat europea com a suma d’identitats. Sí, suma d’identitats: de llengües, cultures, tradicions…
  • I això no és una afirmació del Víctor Terradellas, que també, sinó que és exactament allò que ja reclamava i proposava, George Steiner, l’any 2005, en el seu llibre: “La idea d’Europa”: Europa sens dubta morirà si no lluita per les seves llengües, les seves tradicions i les seves autonomies socials’.
  • Per això fa riure quan algú vol atacar el projecte polític català dient que ens allunya d’Europa quan, precisament, el que fa és recuperar el bo i millor del projecte europeu. Però anem a pams.
  • Perquè avui no us parlaré de com resoldre el repte que planteja el Brexit. Que sí, que en podem parlar en acabar i, sobretot, podem escoltar què en diu el bon amic i professor Guillem López Casasnovas. I sí, si em pregunteu per la vesant política crec que és una oportunitat.
  • Però sobretot mirarem de ser radicals, d’anar a l’arrel política d’aquests dues qüestions. I, per sorpresa nostra, rodarem el món i tornarem al Born (en aquest cas, al Born de Ciutadella).
  • I també podem parlar de com afrontar amb valentia la crisi dels refugiats -que també ens hi podríem estendre per experiència en aquesta qüestió al nostre continent i en d’altres…-. Però no, avui parlarem de casa nostra, la política local, de la nostra causa; la nació petita i la nació completa i de la nostra Europa, de l’Europa que volem, de l’Europa que necessitem i de la Europa que ens cal.
  • No se si me’n sortiré per que lligar aquestes tres realitats (local, nacional, supranacional) sembla fàcil però quan m’hi he posat m’ha costat.
  • Al final, el nostre ideal polític hauria de ser que allò que diem i defensem a escala local i nacional, estigués en consonància amb allò que els nostres representants polítics diuen i fan a escala continental. Alguna cosa no acaba de rutllar quan això no és així i, de fet, avui posem sobre la taula la necessitat de reclamar aquesta coherència política.
  • En tot cas us demano comprensió i torno a allò que us deia en començar: del monòleg potser no en sortirà gaire, però segur que del diàleg posterior en sorgirà l’aprenentatge.
  • Comencem per una pinzellada que em preocupa, i molt, i si voleu també com a provocació cara el debat posterior.
  • Fem un cop d’ull als pactes que hi han hagut darrerament, PSM/Podemos, BNG/Podemos, Bloc/Podemos…, fixeu-vos a Euskadi com ha minvat la força de EH Bildu. Pensem que aquestes aliances ens alimenten però hem d’estar amatents perquè potser el que fan és absorbir-nos. S’alimenten dels vots dels nacionalismes, que per ells també son perifèrics però són incapaços d’agafar cos península endins.
  • Només heu de mirar el mapa resultant dels comicis del 26J. L’única Espanya que vol transformar-se no és Espanya: és Euskadi i és Catalunya. La resta pràcticament monocolor del PP amb espurnes del PSOE.
  • Ens toca, com a mínim, vigilar per tal que allò que no va assolir el PSOE l’any 81, la uniformització de la península, ho facin ara els podemites diluint els nacionalismes.
  • Sé que les realitats son tossudes i que potser em direu que la confluència era l’única solució però alerta, potser la solució d’ara és el desastre del futur. Des de Catalunya no vinc pas per donar cap lliçó, però sí explicar-vos la nostra experiència: de la demagògia en fan art i, quan han de triar, sempre trien Espanya.
    • Un exemple: monarquia o república? A Podemos només veureu banderes republicanes durant les campanyes, als mítings, però la seva actuació política mai no ha posat en dubte la monarquia instaurada per Franco, mai. Encara més, quan cal es fan la foto amb el Borbó i li riuen les gràcies. Si més no, simptomàtic.
  • El repte polític que plantegem des de Catalunya és una gran oportunitat de ser, no per ser, que també, sinó perquè les generacions futures gaudeixin d’una millor qualitat de vida, d’un millor estat del benestar, i perquè conservin, sense tuteles, una llengua, una cultura i una tradició que volem nostres i patrimoni del món. Mai més minoritzades.
  • I aquesta és una opció profundament oberta: a la resta de la península, a Europa i al món! I sí, avui, aquí amb més sentit, des de la pàtria petita com a primer pas per construir la pàtria completa.
  • Perquè aquesta lluita nostra no és una lluita nova. Joan Crexells, a principis segle XX, oferia tres argumentacions. Em quedaré amb la tercera, feia referència a les balances fiscals ( per cert en Guillem també ens podria donar una bona lliçó d’això) i ens deia: UN 11% SERVEIX EL 23%. Es centrava en les balances fiscals interiors de l’Estat espanyol i explicava que Catalunya, amb un 11% de tota la població de l’estat, subministrava el 23% dels ingressos. Els Països Catalans, amb el 20% de la població, el 31%. Això, deia, «significa que, si un dia la Catalunya estricta fos independent, l’Estat català podria atendre els seus ciutadans amb el doble del que els atén l’Estat espanyol. (i reblava) I si no fos la Catalunya estricta, sinó la Catalunya gran, els podria atendre amb un 50% més».
  • Una vegada més, doncs, no parlem de cap nova situació sinó de redefinir els projectes polítics perquè entenguin, realment, quina és la realitat espanyola i com ha de respondre -en el nostra cas- la realitat política catalana, per transformar-se i construir una nova legalitat al servei de la societat.
  • I ara, si us sembla, anem cap a Europa. I parlem d’Europa amb tota la modèstia però també amb tot el convenciment, perquè estem proposant un espai polític amb les eines necessàries i amb les garanties democràtiques que requereix afrontar des del Brexit fins a la intervenció a Síria des d’una perspectiva europea de resolució de conflictes.
  • Seria, si m’ho permeteu vosaltres i el mateix George Steiner, el que jo anomeno La (nova) idea d’Europa: l’Europa glocal-.
  • Quan l’any 1961 el filòsof canadenc Marshall McLuhan es referia per primera vegada a la vila global (global village) difícilment podia imaginar com anticipava un concepte, la globalització, que havia de canviar el conjunt del planeta.
  • McLuhan parlava d’aquesta vila global i la vinculava al naixement dels mitjans de comunicació electrònics. Però la realitat ha anat molt més enllà dels mitjans. L’ésser telemàtic, i les xarxes digitals de dimensió global, han superat fa temps l’àmbit concret dels media i dibuixa sense pudor un nou món amb noves estructures socials, econòmiques i, és clar, polítiques.
  • L’estructura política dels Estats havia restat gairebé immutable des de la Revolució Francesa. El model d’Estat-nació ha fet fortuna durant prop de dos segles al món occidental (i va ser imposada amb poca angúnia arreu del planeta en l’etapa postcolonial). Fins ara.
  • És evident que els Estats continuaran sent elements principals, indispensables i indiscutibles a l’escena internacional. Però alguns hauran de mutar poc, d’altres molt i, finalment, alguns hauran de desaparèixer per a deixar pas a nous subjectes polítics de mida i capacitats idònies per encarar els reptes d’aquest món definitivament globalitzat.
  • Simplificant, observem com la globalització ens ha demostrat i ensenyat dos models que encaren el futur amb cert optimisme: el dels grans Estats (Canadà, USA, Brasil, Sudàfrica, Índia, Xina o Rússia) i la dels petits estats (Holanda, Dinamarca, Àustria, Noruega, Israel, Irlanda o Suècia… i aviat Catalunya). Els primers són viables perquè s’autoabasteixen, tenen gran quantitat de recursos humans i disposen de recursos naturals; en gran mesura, per tant, depenen d’ells mateixos.
  • Els segons, els petits, també ho són per la seva proximitat a la ciutadania i l’agilitat amb què poden emmotllar, a cada moment, les polítiques econòmiques, socials, culturals, medi ambientals… Uns i altres apunten prou bé el futur d’Europa tal i com han demostrat en aquesta darrera gran crisi global.
  • Si el nostre continent vol ser actor en aquest món global li és necessari encarar, sense dilacions, la via federal. Evolucionar de l’actual Europa intergovernamental a l’Europa federal. Una via que només serà possible a partir d’Estats determinats, convençuts i sense que tinguin cap tipus d’angúnia a cedir poder a un ens supranacional. Avui, observem una Europa intergovernamental depenent d’Estats que podríem definir, a dia d’avui, com a mitjans: jacobins -com Espanya i França- o centralistes -com Itàlia-.
  • Excloem Alemanya perquè no té res a veure ni amb els Estats jacobins ni amb els centralistes. La seva estructura econòmica i administrativa ja està preparada per al nou món que arriba. Però els tres primers que hem mencionat -França, Espanya i Itàlia- no tenen capacitat ni mitjans per lluitar per ells mateixos amb els grans actors globals -recursos humans limitats i recursos naturals pràcticament inexistents- ni amb els petits, pel fet de comptar amb models administratius i funcionarials que els allunyen de la ciutadania i els fan excessivament rígids a l’hora d’emprendre els canvis constants que demanda el món del segle XXI.
  • Una mida, doncs, que limita la seva pròpia supervivència. En dues paraules: excessivament burocratitzats.
  • Uns fets que confirmen els rànquings de països que periòdicament publiquen organitzacions tan diverses com l’FMI, el Banc Mundial o la CIA amb el World Factbook.
  • Dos exemples clars d’això que exposem. El primer, segons l’IDH, observem que dels 10 països de l’OCDE amb millor benestar econòmic segons criteris de prosperitat -PIB per càpita tenint en compte les diferències de preus als diferents països a l’hora de calcular el poder adquisitiu- i igualtat, nou són europeus i vuit dels que anomenem petits més l’excepció Alemanya. En aquest sentit, Crédit Suisse recordava l’agost de 2014 que els  països petits ocupen més de la meitat dels primers trenta països segons l’IDH. El segon exemple: la flexibilitat i agilitat d’Irlanda (país petit) contraposades a la burocratització i a la llunyania de la realitat d’Espanya. Irlanda ja s’ha superat del pitjor d’aquesta crisi mentre Espanya s’hi troba cada cop més enredada.
  • La finestra d’oportunitat per a Europa per ressorgir com a actor en el món global passa, com dèiem, per abandonar el sistema intergovernamental i fer una aposta decidida per un ordenament federal del continent.
  • Si Europa vol ser un actor fort i mantenir el seu model com a interlocució inevitable i alternativa a allò que projecten i ofereixen gegants com els Estats Units o la Xina, haurà d’apuntar la via federal.
  • Per fer-ho, Alemanya, els seus landers, han d’abandonar definitivament els complexes i el sentit de culpa que arrosseguen des de la fi de la Segona Guerra Mundial. Amb més raó, ara, que els populismes i l’extrema dreta volen revifar a diferents punts d’Europa i fan de l’antieuropeïsme un signe d’identitat. L’Europa d’arrel local i vocació global necessita aquesta Alemanya que lideri, però no posseeixi, aquesta Europa glocal.
  • I això implica, per Alemanya, reconèixer i anticipar els nous actors que vindran.
  • Repetixo, sovint, que “Si Europa ha estat oportuna per Catalunya, Catalunya ara és oportuna per Europa… “I necessària”, com reblava el delegat del Govern català a París, l’amic Martí Anglada. Alemanya no ho pot perdre de vista.
  • Com us dia en començar George Steiner expressava en el seu llibre “La idea d’Europa”: ‘Europa sens dubta morirà si no lluita per les seves llengües, les seves tradicions i les seves autonomies socials’. El lema europeu d’unitat en la diversitat ha de ser promogut i per això Catalunya serà oportuna i necessària com ho seran Escòcia, Euskal Herria o Flandes; i, posteriorment, bretons, corsos, venetins, valencians, mallorquins o menorquins…
  • Catalunya és un país modern, dinàmic, emprenedor i econòmicament fort. I la independència de Catalunya ha de ser observada, també, com un acte d’europeisme. La nació catalana pot ser un mirall al sud del nord, trencant dinàmiques i models d’altres països de la Mediterrània. Catalunya ha expressat sovint que en cas d’independència, assumiria la corresponent part del deute espanyol -un deute irrecuperable si es manté l’estatus polític actual- i, evidentment, seguiria sent, com ha estat des del primer dia, aportadora neta a la UE.
  • En paral·lel, des de Catalunya es podrien generar projectes d’enorme perspectiva europea, com un Fons Sobirà de Cooperació, dedicat en exclusiva a projectes concrets d’economia productiva i infraestructures a l’Estat espanyol limitats en import i temps. Un projecte europeu, sí, però també un projecte polític d’enorme simbolisme per com reflectiria el manteniment dels llaços entre la població espanyola i la catalana. Llaços que cal conservar i protegir, i que van des dels familiars fins els econòmics.
  • L’Europa glocal farà que ens retrobem i configurem com un ens polític amb capacitat per interlocutar amb tot el planeta i, alhora, atent i respectuós amb allò que som i hem esdevingut sempre.
  • Paradoxalment, aquest projecte aparentment modern recupera aquella idea d’Europa que van imaginar Schuman i Monnet, que la van definir com a la ‘unió voluntària de totes les ànimes europees’, la dels ciutadans, la de les nacions. I bandeja definitivament l’engendre de De Gaulle: l’Europa dels Estats.
  • Ara que coneixem la pitjor versió de la globalització, la que ho uniformitza tot, les societats europees reclamem l’arrelament a les realitats concretes de cada llengua i cada cultura. La quadratura del cercle, la pròpia complexitat europea, passa per esdevenir un actor global sense renunciar a cap de les dimensions locals de tots i cadascun dels europeus.
  • McLuhan va imaginar la vila global i ara tenim el repte de descobrir que no hi ha res més global que ser, exactament, allò que som i no pas allò que ens van imposar ser.
  • Vaig acabant: I quan parlem del dret a decidir i parlem del futur, i parlem dels nostres socis europeus, i parlem d’aquest mar que avui tenim a tocar i volem que deixi de ser cementiri dels nostres veïns, parlem exactament d’això: de decidir, també, de quina Europa volem ser ciutadans.
  • En començar us parlava del bon amic Guillem, reconegut per tots com un dels grans del món de l’economia. Ell sempre em diu que els economistes son grans historiadors però que no en saben prou per predir el futur.
  • Vull acabar amb uns mots, uns mots que, com l’economia, ens parlen del passat, de la nostra historia. Però aquests son, també, present i sobretot futur. Un futur col·lectiu que ens uneix i ens fa vius.
  • Ho faré amb paraules d’un poeta (de fet son ells qui sempre ens han salvat els mots), un poeta de casa, un poeta que estic convençut reconeixereu.
  • …Escàlums forts, ferm arjau
    i l’obra morta ben blanca,
    el nostre camí és de pau
    -rumb d’autònoma frisança
    per la nostra identitat-
    la nostra proa no talla
    més que cops de malvestat,
    d’hipocresia… Destrala
    fortalor de potentats
    i ofega’ls dins l’insondable!
    Vella lluita popular,
    els teus braons braus com pales,
    impulsin el navegar de Menorca,
    barca i pàtria.
  • Moltes gràcies!!!

Ciutadella, agost de 2016

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  • Moltes gràcies als amics del PSM, moltes gràcies Guillem, per organitzar aquesta trobada i per pensar que podia aportar algunes idees que us poden ser útils.

 

  • De fet faré exactament això, intentar deixar-vos algunes idees i propostes i, si us sembla, en acabar aquesta primera exposició encetem el diàleg. Finalment, és l’àgora on aprenen les persones, no pas en els monòlegs.

 

  • Em va semblar bona idea el títol de la xerrada perquè interconnecta qüestions aparentment allunyades (el Brexit, a la part europea més occidental) i la crisi dels refugiats (originada a la part més oriental del continent).

 

  • Una i altra qüestió, però, posen sobre la taula la qüestió de la identitat europea com a suma d’identitats. Sí, suma d’identitats: de llengües, cultures, tradicions…

 

  • I això no és una afirmació del Víctor Terradellas, que també, sinó que és exactament allò que ja reclamava i proposava, George Steiner, l’any 2005, en el seu llibre: “La idea d’Europa”: Europa sens dubta morirà si no lluita per les seves llengües, les seves tradicions i les seves autonomies socials’.

 

  • Per això fa riure quan algú vol atacar el projecte polític català dient que ens allunya d’Europa quan, precisament, el que fa és recuperar el bo i millor del projecte europeu. Però anem a pams.

 

  • Perquè avui no us parlaré de com resoldre el repte que planteja el Brexit. Que sí, que en podem parlar en acabar i, sobretot, podem escoltar què en diu el bon amic i professor Guillem López Casasnovas. I sí, si em pregunteu per la vesant política crec que és una oportunitat.

 

  • Però sobretot mirarem de ser radicals, d’anar a l’arrel política d’aquests dues qüestions. I, per sorpresa nostra, rodarem el món i tornarem al Born (en aquest cas, al Born de Ciutadella).

 

  • I també podem parlar de com afrontar amb valentia la crisi dels refugiats -que també ens hi podríem estendre per experiència en aquesta qüestió al nostre continent i en d’altres…-. Però no, avui parlarem de casa nostra, la política local, de la nostra causa; la nació petita i la nació completa i de la nostra Europa, de l’Europa que volem, de l’Europa que necessitem i de la Europa que ens cal.

 

  • No se si me’n sortiré per que lligar aquestes tres realitats (local, nacional, supranacional) sembla fàcil però quan m’hi he posat m’ha costat.

 

  • Al final, el nostre ideal polític hauria de ser que allò que diem i defensem a escala local i nacional, estigués en consonància amb allò que els nostres representants polítics diuen i fan a escala continental. Alguna cosa no acaba de rutllar quan això no és així i, de fet, avui posem sobre la taula la necessitat de reclamar aquesta coherència política.

 

  • En tot cas us demano comprensió i torno a allò que us deia en començar: del monòleg potser no en sortirà gaire, però segur que del diàleg posterior en sorgirà l’aprenentatge.

 

  • Comencem per una pinzellada que em preocupa, i molt, i si voleu també com a provocació cara el debat posterior.

 

  • Fem un cop d’ull als pactes que hi han hagut darrerament, PSM/Podemos, BNG/Podemos, Bloc/Podemos…, fixeu-vos a Euskadi com ha minvat la força de EH Bildu. Pensem que aquestes aliances ens alimenten però hem d’estar amatents perquè potser el que fan és absorbir-nos. S’alimenten dels vots dels nacionalismes, que per ells també son perifèrics però són incapaços d’agafar cos península endins.

 

  • Només heu de mirar el mapa resultant dels comicis del 26J. L’única Espanya que vol transformar-se no és Espanya: és Euskadi i és Catalunya. La resta pràcticament monocolor del PP amb espurnes del PSOE.

 

  • Ens toca, com a mínim, vigilar per tal que allò que no va assolir el PSOE l’any 81, la uniformització de la península, ho facin ara els podemites diluint els nacionalismes.

 

  • Sé que les realitats son tossudes i que potser em direu que la confluència era l’única solució però alerta, potser la solució d’ara és el desastre del futur. Des de Catalunya no vinc pas per donar cap lliçó, però sí explicar-vos la nostra experiència: de la demagògia en fan art i, quan han de triar, sempre trien Espanya.
    • Un exemple: monarquia o república? A Podemos només veureu banderes republicanes durant les campanyes, als mítings, però la seva actuació política mai no ha posat en dubte la monarquia instaurada per Franco, mai. Encara més, quan cal es fan la foto amb el Borbó i li riuen les gràcies. Si més no, simptomàtic.

 

  • El repte polític que plantegem des de Catalunya és una gran oportunitat de ser, no per ser, que tambn﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽el m esforç podem tenir sense obliar la solidaritat amb la resta de la peninsula, bar al somnié, sinó perquè les generacions futures gaudeixin d’una millor qualitat de vida, d’un millor estat del benestar, i perquè conservin, sense tuteles, una llengua, una cultura i una tradició que volem nostres i patrimoni del món. Mai més minoritzades.

 

  • I aquesta és una opció profundament oberta: a la resta de la península, a Europa i al món! I sí, avui, aquí amb més sentit, des de la pàtria petita com a primer pas per construir la pàtria completa.

 

  • Perquè aquesta lluita nostra no és una lluita nova. Joan Crexells, a principis segle XX, oferia tres argumentacions. Em quedaré amb la tercera, feia referència a les balances fiscals ( per cert en Guillem també ens podria donar una bona lliçó d’això) i ens deia: UN 11% SERVEIX EL 23%. Es centrava en les balances fiscals interiors de l’Estat espanyol i explicava que Catalunya, amb un 11% de tota la població de l’estat, subministrava el 23% dels ingressos. Els Països Catalans, amb el 20% de la població, el 31%. Això, deia, «significa que, si un dia la Catalunya estricta fos independent, l’Estat català podria atendre els seus ciutadans amb el doble del que els atén l’Estat espanyol. (i reblava) I si no fos la Catalunya estricta, sinó la Catalunya gran, els podria atendre amb un 50% més».

 

  • Una vegada més, doncs, no parlem de cap nova situació sinó de redefinir els projectes polítics perquè entenguin, realment, quina és la realitat espanyola i com ha de respondre -en el nostra cas- la realitat política catalana, per transformar-se i construir una nova legalitat al servei de la societat.

 

  • I ara, si us sembla, anem cap a Europa. I parlem d’Europa amb tota la modèstia però també amb tot el convenciment, perquè estem proposant un espai polític amb les eines necessàries i amb les garanties democràtiques que requereix afrontar des del Brexit fins a la intervenció a Síria des d’una perspectiva europea de resolució de conflictes.

 

  • Seria, si m’ho permeteu vosaltres i el mateix George Steiner, el que jo anomeno La (nova) idea d’Europa: l’Europa glocal-.

 

  • Quan l’any 1961 el filòsof canadenc Marshall McLuhan es referia per primera vegada a la vila global (global village) difícilment podia imaginar com anticipava un concepte, la globalització, que havia de canviar el conjunt del planeta.

 

  • McLuhan parlava d’aquesta vila global i la vinculava al naixement dels mitjans de comunicació electrònics. Però la realitat ha anat molt més enllà dels mitjans. L’ésser telemàtic, i les xarxes digitals de dimensió global, han superat fa temps l’àmbit concret dels media i dibuixa sense pudor un nou món amb noves estructures socials, econòmiques i, és clar, polítiques.

 

  • L’estructura política dels Estats havia restat gairebé immutable des de la Revolució Francesa. El model d’Estat-nació ha fet fortuna durant prop de dos segles al món occidental (i va ser imposada amb poca angúnia arreu del planeta en l’etapa postcolonial). Fins ara.

 

  • És evident que els Estats continuaran sent elements principals, indispensables i indiscutibles a l’escena internacional. Però alguns hauran de mutar poc, d’altres molt i, finalment, alguns hauran de desaparèixer per a deixar pas a nous subjectes polítics de mida i capacitats idònies per encarar els reptes d’aquest món definitivament globalitzat.

 

  • Simplificant, observem com la globalització ens ha demostrat i ensenyat dos models que encaren el futur amb cert optimisme: el dels grans Estats (Canadà, USA, Brasil, Sudàfrica, Índia, Xina o Rússia) i la dels petits estats (Holanda, Dinamarca, Àustria, Noruega, Israel, Irlanda o Suècia… i aviat Catalunya). Els primers són viables perquè s’autoabasteixen, tenen gran quantitat de recursos humans i disposen de recursos naturals; en gran mesura, per tant, depenen d’ells mateixos.

 

  • Els segons, els petits, també ho són per la seva proximitat a la ciutadania i l’agilitat amb què poden emmotllar, a cada moment, les polítiques econòmiques, socials, culturals, medi ambientals… Uns i altres apunten prou bé el futur d’Europa tal i com han demostrat en aquesta darrera gran crisi global.

 

  • Si el nostre continent vol ser actor en aquest món global li és necessari encarar, sense dilacions, la via federal. Evolucionar de l’actual Europa intergovernamental a l’Europa federal. Una via que només serà possible a partir d’Estats determinats, convençuts i sense que tinguin cap tipus d’angúnia a cedir poder a un ens supranacional. Avui, observem una Europa intergovernamental depenent d’Estats que podríem definir, a dia d’avui, com a mitjans: jacobins -com Espanya i França- o centralistes -com Itàlia-.

 

  • Excloem Alemanya perquè no té res a veure ni amb els Estats jacobins ni amb els centralistes. La seva estructura econòmica i administrativa ja està preparada per al nou món que arriba. Però els tres primers que hem mencionat -França, Espanya i Itàlia- no tenen capacitat ni mitjans per lluitar per ells mateixos amb els grans actors globals -recursos humans limitats i recursos naturals pràcticament inexistents- ni amb els petits, pel fet de comptar amb models administratius i funcionarials que els allunyen de la ciutadania i els fan excessivament rígids a l’hora d’emprendre els canvis constants que demanda el món del segle XXI.

 

  • Una mida, doncs, que limita la seva pròpia supervivència. En dues paraules: excessivament burocratitzats.

 

  • Uns fets que confirmen els rànquings de països que periòdicament publiquen organitzacions tan diverses com l’FMI, el Banc Mundial o la CIA amb el World Factbook.

 

  • Dos exemples clars d’això que exposem. El primer, segons l’IDH, observem que dels 10 països de l’OCDE amb millor benestar econòmic segons criteris de prosperitat -PIB per càpita tenint en compte les diferències de preus als diferents països a l’hora de calcular el poder adquisitiu- i igualtat, nou són europeus i vuit dels que anomenem petits més l’excepció Alemanya. En aquest sentit, Crédit Suisse recordava l’agost de 2014 que els  països petits ocupen més de la meitat dels primers trenta països segons l’IDH. El segon exemple: la flexibilitat i agilitat d’Irlanda (país petit) contraposades a la burocratització i a la llunyania de la realitat d’Espanya. Irlanda ja s’ha superat del pitjor d’aquesta crisi mentre Espanya s’hi troba cada cop més enredada.

 

  • La finestra d’oportunitat per a Europa per ressorgir com a actor en el món global passa, com dèiem, per abandonar el sistema intergovernamental i fer una aposta decidida per un ordenament federal del continent.

 

  • Si Europa vol ser un actor fort i mantenir el seu model com a interlocució inevitable i alternativa a allò que projecten i ofereixen gegants com els Estats Units o la Xina, haurà d’apuntar la via federal.

 

  • Per fer-ho, Alemanya, els seus landers, han d’abandonar definitivament els complexes i el sentit de culpa que arrosseguen des de la fi de la Segona Guerra Mundial. Amb més raó, ara, que els populismes i l’extrema dreta volen revifar a diferents punts d’Europa i fan de l’antieuropeïsme un signe d’identitat. L’Europa d’arrel local i vocació global necessita aquesta Alemanya que lideri, però no posseeixi, aquesta Europa glocal.

 

  • I això implica, per Alemanya, reconèixer i anticipar els nous actors que vindran.

 

  • Repetixo, sovint, que “Si Europa ha estat oportuna per Catalunya, Catalunya ara és oportuna per Europa… “I necessària”, com reblava el delegat del Govern català a París, l’amic Martí Anglada. Alemanya no ho pot perdre de vista.

 

  • Com us dia en començar George Steiner expressava en el seu llibre “La idea d’Europa”: ‘Europa sens dubta morirà si no lluita per les seves llengües, les seves tradicions i les seves autonomies socials’. El lema europeu d’unitat en la diversitat ha de ser promogut i per això Catalunya serà oportuna i necessària com ho seran Escòcia, Euskal Herria o Flandes; i, posteriorment, bretons, corsos, venetins, valencians, mallorquins o menorquins…

 

  • Catalunya és un país modern, dinàmic, emprenedor i econòmicament fort. I la independència de Catalunya ha de ser observada, també, com un acte d’europeisme. La nació catalana pot ser un mirall al sud del nord, trencant dinàmiques i models d’altres països de la Mediterrània. Catalunya ha expressat sovint que en cas d’independència, assumiria la corresponent part del deute espanyol -un deute irrecuperable si es manté l’estatus polític actual- i, evidentment, seguiria sent, com ha estat des del primer dia, aportadora neta a la UE.

 

  • En paral·lel, des de Catalunya es podrien generar projectes d’enorme perspectiva europea, com un Fons Sobirà de Cooperació, dedicat en exclusiva a projectes concrets d’economia productiva i infraestructures a l’Estat espanyol limitats en import i temps. Un projecte europeu, sí, però també un projecte polític d’enorme simbolisme per com reflectiria el manteniment dels llaços entre la població espanyola i la catalana. Llaços que cal conservar i protegir, i que van des dels familiars fins els econòmics.

 

  • L’Europa glocal farà que ens retrobem i configurem com un ens polític amb capacitat per interlocutar amb tot el planeta i, alhora, atent i respectuós amb allò que som i hem esdevingut sempre.

 

  • Paradoxalment, aquest projecte aparentment modern recupera aquella idea d’Europa que van imaginar Schuman i Monnet, que la van definir com a la ‘unió voluntària de totes les ànimes europees’, la dels ciutadans, la de les nacions. I bandeja definitivament l’engendre de De Gaulle: l’Europa dels Estats.

 

  • Ara que coneixem la pitjor versió de la globalització, la que ho uniformitza tot, les societats europees reclamem l’arrelament a les realitats concretes de cada llengua i cada cultura. La quadratura del cercle, la pròpia complexitat europea, passa per esdevenir un actor global sense renunciar a cap de les dimensions locals de tots i cadascun dels europeus.

 

  • McLuhan va imaginar la vila global i ara tenim el repte de descobrir que no hi ha res més global que ser, exactament, allò que som i no pas allò que ens van imposar ser.

 

  • Vaig acabant: I quan parlem del dret a decidir i parlem del futur, i parlem dels nostres socis europeus, i parlem d’aquest mar que avui tenim a tocar i volem que deixi de ser cementiri dels nostres veïns, parlem exactament d’això: de decidir, també, de quina Europa volem ser ciutadans.

 

  • En començar us parlava del bon amic Guillem, reconegut per tots com un dels grans del món de l’economia. Ell sempre em diu que els economistes son grans historiadors però que no en saben prou per predir el futur.

 

  • Vull acabar amb uns mots, uns mots que, com l’economia, ens parlen del passat, de la nostra historia. Però aquests son, també, present i sobretot futur. Un futur col·lectiu que ens uneix i ens fa vius.

 

  • Ho faré amb paraules d’un poeta (de fet son ells qui sempre ens han salvat els mots), un poeta de casa, un poeta que estic convençut reconeixereu.

 

  • …Escàlums forts, ferm arjau
    i l’obra morta ben blanca,
    el nostre camí és de pau
    -rumb d’autònoma frisança
    per la nostra identitat-
    la nostra proa no talla
    més que cops de malvestat,
    d’hipocresia… Destrala
    fortalor de potentats
    i ofega’ls dins l’insondable!

 

  • Vella lluita popular,
    els teus braons braus com pales,
    impulsin el navegar de Menorca,
    barca i pàtria.

 

  • Moltes gràcies!!!

De Milosevic a Erdogan

13781666_10207789459466994_4574708112950874994_n

El mes de novembre de l’any 2006, una vintena de catalans van participar en una brigada espanyola per actuar com a escuts humans en cas de bombardejos aliats contra Bagdad. Una capital, com tot el país, que en aquells moments era sota el règim dictatorial de Saddam Hussein.

Ja llavors vam ser moltes les veus que ens vam indignar contra una actuació que disfressada de pacifisme donava suport explícit a un sàtrapa sanguinari com Hussein. Una de les reflexions que fèiem en aquell moment era que si l’any 1945 les forces aliades no haguessin oblidat el nostre país per continuar l’alliberament europeu contra el feixisme, no ens hauria agradat que cap estranger fes d’escut humà a Barcelona perquè els hauria convertit en còmplices de l’alçament militar de Franco.

M’ha vingut al cap la paradoxa dels catalans a l’Iraq de l’any 2006 veient la reacció de l’opinió publicada després del cop d’estat fallit contra Erdogan a Turquia, o de les declaracions dels màxims responsables polítics de les diferents nacions del món. Perquè un cop més hem perdut tots els matisos i massa principis pel camí.

Estic convençut que l’intent de cop d’estat és una mala operació orquestrada des de l’exterior però, si us sembla, d’això en parlarem més endavant i amb major perspectiva i informació. En tot cas, el que està fora de dubte és qui és Erdogan i què significa la seva deriva antidemocràtica i proislamista.

La seva evolució política ha estat prou nefasta com per ser acusat públicament, el proppassat mes de febrer, pel vicepresident dels Estats Units, Joe Biden, de permetre ‘una continuada disminució de les llibertats civils’ de la població turca. Sí, sí, turca, no pas kurda. Amb aquests ja ha reprès una guerra oberta que arrasa, literalment, el territori kurd al si de les fronteres turques i aniquila pobles sencers. Una guerra oberta que massacra la societat civil i per la qual no ha tingut cap angúnia de comptar, ell i la seva família segons fons russes, amb el comerç i la complicitat d’Estat Islàmic: tancant les fronteres amb Síria quan li ha calgut, o obrint-les per permetre ràtzies contra les milícies kurdes dins mateix de Turquia.

La persistent deriva autoritària d’Erdogan no es visualitza ara amb les milers de detencions i purgues al si de l’exèrcit, la judicatura o l’oposició política, sinó que tot just culmina ara. Erdogan perverteix sense angúnia els principis laics imposats per Atatürk, el fundador de la Turquia moderna, laica i pro-occidental, i ho fa amb una barreja de populisme, censura als mitjans públics i privats, coacció a la dissidència política i, perquè no dir-ho, jugant amb la indecisió i la por d’una Europa, i d’un món occidental, sense una estratègia clara a la regió. En el cas d’Europa, el darrer preu d’aquesta inacció és la rodona quantitat de 6.000 milions d’euros per acollir, és un dir, refugiats, sirians. Les ovelles a cura del llop.

El que està passant a Turquia de fa anys, el que està passant ara mateix després del cop d’estat fallit, evidencia una clara miopia de la comunitat internacional a l’hora d’interpretar quins actors són part del problema i quins parts de la solució a la regió.

Fins quan aquesta comunitat internacional farà ulls clucs a la retallada de llibertats democràtiques a Turquia? com justificarà l’onada de repressió anunciada a la que estem assistint? Perquè es permet que un membre del Consell d’Europa, i Turquia ho és, plantegi la qüestió de la pena capital quan cap Estat integrant d’aquest organisme la pot contemplar? Què més ha de fer el govern Erdogan en contra dels drets humans, tant individuals com col·lectius, perquè sigui sancionat i condemnat per les institucions internacionals?

Com passava en el cas de Saddam Hussein, el rebuig a una acció no acordada ni justificada per la comunitat internacional, ens ha de fer còmplices d’un opressor? Com va passar amb Milosevic haurem d’esperar a què les imatges i la constatació de les grans massacres posin en evidència el perfil autoritari d’Erdogan? Fins quan aquesta islamització, còmplice de la que està atacant el cor d’Europa?

La idea de repulsa a un cop d’estat executat per l’exèrcit situa automàticament el president turc en el bàndol dels demòcrates?

Europa, la nostra idea d’Europa, no només passa per oferir propostes polítiques convincents en lloc de filats de ferro, sinó que passa també per entendre, interpretar i actuar quan en el nostre propi continent creix la llavor del rebuig als principis democràtics essencials. Fa anys que arribem tard a Turquia i fa mal de veure com ara beneïm i aplaudim un polític i un règim impossibles d’estandaritzar com a democràcia.

Víctor Terradellas i Maré

http://in.directe.cat/victor-terradellas/blog/16241/de-milosevic-a-erdogan

La Convergència del segle XXI

images

Un projecte per mantenir l’hegemonia política i liderar el país

La raó de ser del naixement del projecte polític de Convergència era assolir una Catalunya rica i plena al servei de les persones que hi viuen. En els darrers 20 anys, diguem-ho sense embuts, s’ha generat una percepció social sobre el nostre projecte -dins i fora de la militància i amb una certa part de raó- que l’acusa d’haver generat una imatge de dirigents instal·lats i acomodats als despatxos de poder. Alhora, aquesta percepció ens mostra com a formació que ha deixat de trepitjar els carrers i defensar fins les últimes conseqüències les solucions polítiques necessàries per solucionar els problemes de la gent. Una percepció que no és del tot certa però que ens imposa allunyar-nos del conservadurisme on, en part, ens hem instal·lat i fer, de nou, polítiques valentes i modernes.

Un projecte polític que es vol hegemònic -en la forma de ser hegemònic al segle XXI, i que vol mantenir el lideratge al si de la societat catalana, ha de ser capaç de destruir aquesta imatge d’albergar persones a la recerca espúria del poder i retornar a les fonts originals del ‘Construïm una Catalunya per a tothom’ tot posant en qüestió la intocabilitat i pervivència de certes elits.

Si assumim aquesta anàlisi, veurem que no es tracta d’inventar res sinó de recuperar i actualitzar l’esperit de 1974 que va fer possible materialitzar aquella idea fundacional de Convergència Democràtica de Catalunya. Un moviment de confluència política -atenció als inventors de la sopa d’all: Convergència és, sobretot, un espai de confluències- que situa les persones, el gruix de la societat catalana, al centre de la seva preocupació.

El militant va escollir un partit nou convençut que no només parlava del nom sinó que, de ben segur, parlava de cares noves, allò de ‘prefereixo un partit vell amb cares noves que no un partit nou amb cares velles’. Cares noves, formes noves i actituds noves amb un discurs en defensa de les classes mitjanes són, de nou, les claus per assolir el partit que tots volem per acabar de construir primer i consolidar després la nova República catalana.

Per garantir el futur i el benestar del país, Convergència assumia la imprescindible tasca de reconstrucció nacional per donar lloc a una societat moderna, emprenedora, constructiva, treballadora, no burocratitzada, militant, compromesa amb la democràcia i els drets humans individuals i col·lectius, arreu del món i, sobretot, defensora i fidel a l’esperit europeu.

La dicotomia, doncs, és entre esdevenir actors polítics al servei d’una Catalunya moderna, engrescadora i atractiva o la cronificació que percep la ciutadania i bona part dels militants i simpatitzants del darrer quart de segle: burocratitzada, que es mira massa el melic, i en la que massa dels nostres responsables polítics han estat més pendents de mantenir el seu estatus polític personal que de treballar al servei d’un projecte polític col·lectiu; la del de figurar més que de treballar, i la de maquinar al si del partit per mantenir els respectius regnes de taifes, en comptes de mostrar una actitud de servei i responsabilitat transversal, d’acord amb el mandat democràtic que rebem del nostre electorat.

La Convergència del segle XXI, precisament com a moviment de confluència, no pot caure a la trampa d’haver de definir-se de dretes, centre o esquerra. El nostre estadi nacional no pot regir-se per una distinció ideològica clàssica perquè estem en un període predemocràtic on el principal mandat és, precisament, superar aquestes diferències per garantir una unitat d’acció majoritària que ens permeti evidenciar una majoria social favorable a l’establiment de la República Catalana. Dit això, assumir que defensem els principis del lliure mercat, que assumim la defensa de l’Estat del benestar i l’ànima social del nostre treball polític i assumim, sense reserves i amb orgull, la nostra tradició judeocristiana i els fonaments socials del cristianisme de base.

Convergència ha de desterrar qualsevol ombra d’oportunisme polític, clientelisme i amiguisme, i ha de ser identificada amb allò que caracteritza la immensa majoria dels nostres votants i militants: la cultura de l’esforç i del treball, de l’estalvi racional (la pometa per la set en deien), del respecte i de l’educació; d’una educació genuïna i hereva la tradició pedagògica catalana que ha sabut forjar, malgrat les dificultats, excel·lents generacions, fent-nos culturalment avançats, industrialment potents i empresarialment reconeguts. Una societat curosa amb el nostre entorn i que ha sabut tenir cura i estimar la terra que ens ha vist créixer.

Una societat, al capdavall, que ha sabut modernitzar el seu ser alhora que ha vist viure i reviure valors tradicionals propis que ens impulsen cap al futur. Des del Tió fins a Sant Jordi, passant pels castells, la Patum, el manteniment de la mona de Pasqua, Sant Esteve o la simbologia de Montserrat.

I parlem del que som, sense por ni complexes. Parlem de classes populars. Convergència és la formació política que compta, en números proporcionals i absoluts, amb el major nombre de treballadors i treballadores del país. I aturats i aturades. I pagesos. I botiguers i petits empresaris. Majoritàriament classes mitjanes.

Els que s’omplen la boca amb poder popular haurien de visitar les nostres assemblees locals per veure on són les classes populars en el nostre mapa polític. On són les persones que obren i tanquen la botiga cada dia, la petita i mitjana empresa, els nostres autònoms, el camp que conreen els nostres pagesos i els nous catalans que forma el professorat. Això és el que reivindiquem: una essència social coherent amb el nostre compromís nacional. Aquesta és el nostre fonament ideològic i aquest és el nostre compromís polític. Defensar aquests valors en tots i cadascun d’aquest col·lectius, el gruix del país, és la nostra prioritat per sobre de les grans corporacions i de les elits locals i internacionals. Unes elits dominants que no han deixat de ser les mateixes que vàrem veure des del 39 i durant el franquisme, amb la incorporació de petits grups en tot, tot l’entramat autonomista.

I ens toca parlar de les qüestions generacionals lluny de la superficialitat. No parlem d’edat, parlem de les formes. La nova Convergència podria tenir un secretari general de 60 anys -si és que decidim que cal aquesta figura- si les formes de fer són de construcció, de mèrit, de pensament renovat. No tindria sentit un jove de 35/45 anys amb formes de fer i comportaments propis de la vella política (el sectarisme, el conservadorisme, l’amiguisme o la conxorxa), que en menor o major mesura han format part del nostre partit, sobretot, en les darreres dues dècades.

És curiós, com a mínim, que persones de mitja edat que han viscut tota la seva vida gràcies als càrrecs que han ocupat al si del partit, o gràcies del partit, es presentin ara com a profetes de la renovació i de la limitació de mandats.

No hem d’escoltar, només, les veus de sempre. Hem de propiciar que noves veus i veus que s’han mantingut somortes al si del partit es puguin expressar. I hem de garantir que la seva expressió sigui la clau del canvi i de la renovació. Poc útil serà un torn obert de paraula si veiem els mateixos noms i les mateixes persones mantenir els seus respectius espais de poder, incidència i protecció dels propers.

En el nostre futur és clau la transparència. Precisament per contrarestar les acusacions infundades de què som víctimes, però també aquelles que hem d’assumir i desterrar. I part d’aquesta transparència passa per assumir les contradiccions que implica ser una formació política hegemònica, de govern i majoritària. No les amaguem: expliquem-les, mostrem-les com a part inherent de la nostra tasca política de govern i de gestió de les institucions on tenim l’honor i la responsabilitat de representar la ciutadania de Catalunya.

I deixar clar que aquestes contradiccions es poden donar en el camp de la gestió del dia a dia però mai en relació al principal projecte polític que tenim entre mans i que defineix tota la nostra acció política: el procés d’establiment de la nova República Catalana. En relació a aquest compromís no pot existir cap mena de dubte ni de fissura. Perquè cada dubte o tremolor que expressem debilita la nostra posició i és aprofitada per altres companys de viatge.

El nostre projecte, és clar, ha d’ajudar a incrementar la base social de l’independentisme. Però no a base de renúncies ni de mantenir o incorporar partidaris de terceres vies que només han servit per estavellar tot tren que hi ha circulat.

També cal dir ben alt que Convergència és clau a Barcelona i que aquesta és la millor marca per identificar el procés arreu del món. Però aquesta consideració i aquest esforç polític no pot anar en detriment de la concepció integral de la nació. Les comarques i el territori en són part essencial en el dia a dia i no només el mercat de votants que es va a buscar a l’hora dels comicis.

Aquesta visió holística de la nació ha d’anar impregnada d’un profund sentit d’Estat. Tot allò que fem i exercim com a votants, militants o càrrecs polítics, ho fem d’acord amb un projecte nacional que va molt més enllà dels límits del nostre partit i que ens permet mostrar-nos com la formació política generosa i compromesa que som. Un projecte polític, per tant, obert a tothom. No com a formulació retòrica sinó com a principi d’actuació quotidià en tots els àmbits.

Ara, potser com mai a la nostra història, correm el risc de voler amagar el nostre passat i els qui l’han protagonitzat, per preservar el futur. Res més equivocat. En el camp personal tothom ha d’assumir la responsabilitat dels seus actes i pagar les penyores que pertoquin. Però hem d’estar orgullosos del nostre passat i distingir el gra de la palla. Honorar, respectar i mantenir viva la memòria de totes les persones que han fet de la nostra història una història humana: des del militant de base fins als consellers i presidents que han protagonitzat la nostra trajectòria.

En definitiva, la nova Convergència serà la suma de la seva història, de la seva essència interclassista, de la seva transversalitat ideològica, del seu compromís polític amb el procés d’independència, d’una renovació que sigui real i no fingida, de la transparència, de la capacitat d’incorporar i escoltar noves veus, de l’assumpció íntegra de la nació; i, sobretot, d’una determinació insubornable i innegociable per dotar els homes i les dones de Catalunya de les millors eines per encarar el seu futur i el de les generacions que vindran.

Per això vam néixer i per això som del tot imprescindibles.

Víctor Terradellas i Maré

http://file02.lavanguardia.com/2016/07/04/54444875628-url.pdf

http://www.lavanguardia.com/politica/20160704/402959541175/sector-cdc-espiritu-del-74-apartar-gente-intereses-espureos.html

 

Vuestro turno. Y el nuestro.

El nacionalismo catalán -y el conjunto del movimiento independentista- no se entiende sin una profunda determinación internacionalista. Allí dónde los derechos humanos han sido o son conculcados, especialmente en su dimensión colectiva, es difícil no encontrar un colectivo catalán que le preste su apoyo. Ocurrió en la Europa que estaba siendo devorada por el fascismo, ocurrió en los Balcanes cuando las políticas de limpieza étnica volvieron a nuestro continente y ha ocurrido en la actualidad: en Idomeni, el improvisado campo de refugiados que ya ha sido desmantelado, más de la mitad de los voluntarios eran catalanes.

Tiene sentido recordar nuestra larga tradición de respeto, conocimiento, reconocimiento y promoción de todas las naciones del mundo para abordar las cuestiones referentes a los próximos comicios españoles.

Es evidente que todo aquello que se decide y discute en el seno de la arquitectura político-institucional española nos afecta. Y mucho. El régimen del 78, la falsa transición democrática, la imposibilidad de homologar la democracia española por el perenne empeño de impedir la separación de poderes y, sobretodo, de asumir los principios democráticos esenciales, hacen del Estado español un actor que afecta y amenaza, directamente nuestra dimensión nacional.

Ello no es óbice para entender que, desde una perspectiva española y si no se plantean temas intocables en ésta predemocracia -como lo es la cuestión de la unidad del Estado-, existen ciertas propuestas que en apariencia pueden ofrecer nuevas vías para afrontar los retos políticos que los españoles deben abordar.

Es desde esa perspectiva, y sólo desde esa perspectiva, que Podemos -en sus diversas formas- se asemeja a un proyecto político aparentemente renovador y remotamente transformador. Y decimos aparentemente y remotamente porque si tamizamos el poso de sus discursos a menudo contradictorios, observamos que su crecimiento y aceptación son causa, en buena parte, de su predisposición a no poner en duda ninguno de los santos tabús del españolismo. Así, su encaje en el nuevo sistema de partidos español se entiende, también, por la incapacidad de la socialdemocracia de diferenciarse de los populares, liberando un espacio que los de Iglesias pretenden ocupar al precio de convertirse, seguramente a pesar de una parte de su electorado, en buenos cachorros del régimen del 78.

Decíamos al empezar que respetamos profundamente el tiempo político de todas las naciones. Pero no podemos hacer lo mismo con el Estado español puesto que su tiempo hipoteca el nuestro. Respetamos a aquellos que desde su ingenuidad o fe política creen realmente posible el establecimiento de un régimen federal que pueda permitir a Euskal Herria o Catalunya decidir su futuro. Pero sabemos que el ciclo del engaño, voluntario o involuntario, será de un decenio. Diez años que ni tenemos ni nos podemos permitir.

Llegados a este punto, debemos dejar de lado conjeturas políticas y discursos al viento electoral. El próximo 26 de junio las Cortes españolas mostrarán el mapa político que deberá regir el supuesto cambio. Si los resultados son los que presumimos, dicho cambio puede ser mínimo en lo que se refiere a las aspiraciones democráticas de autodeterminación de Catalunya (y de Euskal Herria, claro).

Es en ese preciso instante la aritmética parlamentaria -y una tramposa jurisdicción española- mostrarán que la vía del referéndum es una vía inexistente en el ordenamiento constitucional español. Llegados a este punto tenemos el derecho y las razones necesarias para reclamar, a esa supuesta nueva izquierda española, que asuman su fracaso. Y no hablamos de un fracaso electoral, que está por ver, sino el fracaso que significará asumir que a pesar de su presencia en Cortes -en el Gobierno o fuera de él- los viejos partidos de las mayorías españolas, PP y PSOE, impiden cualquier cambio que pueda facilitar el derecho a decidir de catalanes o vascos.

Y una vez asumido su fracaso reclamaremos, con igual derecho -reciprocidad como dijo en Anoeta i Barcelona i sigue diciendo Arnaldo Otegi o bidireccionalidad como me gusta llamarlo a mi-, que en nuestros respectivos parlamentos dejen de ser elementos neutros o contrarios al ejercicio democrático del derecho a decidir y se conviertan en elementos activos para su ejercicio o para ejecutar declaraciones unilaterales en unos parlamentos nítidamente favorables a la independencia. Sabemos, suponemos, que defenderán mantener el estatus político actual o, quizá, algún nebuloso nuevo proyecto de federalización subordinada. Están en su derecho, claro, pero les queremos a nuestro lado para reivindicar que Catalunya -como Euskal Herria- son sujetos políticos determinados que tienen el derecho a decidir su futuro. Es más, que han agotado todas las vías de discusión política con el Estado y que en todo momento han si abortadas por incomparecencia de la parte española y, por esta razón, ya estamos legitimados, incluso, para ejecutar declaraciones unilaterales de independencia siempre que las mayorías parlamentarias lo permitan y avalen.

Si no es así, si llegado el momento Iglesias y sus aliados entonan e inventan nuevos cantos de sirena para evitar el ejercicio de la democracia en nuestras respectivas naciones, se sumarán al enésimo fracaso en el afán pretencioso de democratizar el Estado español. Pero, sobretodo, demostrarán como es posible difuminar una idea de cambio y transformación política -la de los indignados- hasta convertirla en el recambio domesticado de un PSOE estropeado.

Sería inmensamente triste observar que el cambio era, finalmente, un triste recambio.

Víctor Terradellas i Maré

http://www.berria.eus/paperekoa/1832/017/003/2016-06-21/zuen_etorkizuna_eta_gurea.htm

La (nova) idea d’Europa: l’Europa glocal

imgres

Quan l’any 1961 el filòsof canadenc Marshall McLuhan es referia per primera vegada a la vila global (global village) difícilment podia imaginar com anticipava un concepte, la globalització, que havia de canviar el conjunt del planeta. McLuhan parlava d’aquesta vila global i la vinculava al naixement dels mitjans de comunicació electrònics. Però la realitat ha anat molt més enllà dels mitjans. L’ésser telemàtic, i les xarxes digitals de dimensió global, han superat fa temps l’àmbit concret dels media i dibuixa sense pudor un nou món amb noves estructures socials, econòmiques i, és clar, polítiques.

L’estructura política dels Estats havia restat gairebé immutable des de la Revolució Francesa. El model d’Estat-nació ha fet fortuna durant prop de dos segles al món occidental (i va ser imposada amb poca angúnia arreu del planeta en l’etapa postcolonial). Fins ara.

El món globalitzat, entestat a canviar totes i cadascuna de les estructures humanes del món també es mostra disposat a anorrear aquest model poc flexible d’ordenament humà. Tots? Segur que no. Molts? Sí. I específicament a la vella Europa? Clar. Mirem d’entendre quins i perquè.

Els Estats continuaran sent elements principals indispensables i indiscutibles a l’escena internacional. Però alguns hauran de mutar poc, d’altres molt i, finalment, alguns hauran de desaparèixer per a deixar pas a nous subjectes polítics de mida i capacitats idònies per encarar els reptes d’aquest món definitivament globalitzat.

Simplificant, observem com la globalització ens ha demostrat i ensenyat dos models que encaren el futur amb cert optimisme: el dels grans Estats (Canadà, USA, Brasil, Sudàfrica, Xina, Índia o Rússia) i la dels petits estats (Holanda, Dinamarca, Àustria, Noruega, Israel, Irlanda o Suècia… i aviat Catalunya). Els primers són viables perquè s’autoabasteixen, tenen gran quantitat de recursos humans i disposen de recursos naturals; en gran mesura, per tant, depenen d’ells mateixos. I els segons, els petits, també ho són per la seva proximitat a la ciutadania i l’agilitat amb què poden emmotllar, a cada moment, les polítiques econòmiques, socials, culturals, polítiques, medi ambientals… Uns i altres apunten prou bé el futur d’Europa tal i com han demostrat en aquesta darrera gran crisi global.

Si el nostre continent vol ser actor en aquest món global li és necessari encarar, sense dilacions, la via federal. Evolucionar de l’actual Europa intergovernamental a l’Europa federal. Una via que només serà possible a partir d’Estats determinats i convençuts a cedir poder a un ens supranacional. Avui, observem una Europa intergovernamental depenent d’Estats que podríem definir, a dia d’avui, com a mitjans: jacobins -com Espanya i França- o centralistes -com Itàlia-. Excloem Alemanya perquè no té res a veure ni amb els Estats jacobins ni amb els centralistes. La seva estructura econòmica i administrativa ja està preparada per al nou món que arriba. Però els tres primers que hem mencionat -França, Espanya i Itàlia- no tenen capacitat ni mitjans per lluitar per ells mateixos amb els grans actors globals -recursos humans limitats i recursos naturals pràcticament inexistents- ni amb els petits, pel fet de comptar amb models administratius i funcionarials que els allunyen de la ciutadania i els fan excessivament rígids a l’hora d’emprendre els canvis constants que demanda el món del segle XXI. Una mida, doncs, que limita la seva pròpia supervivència. En dues paraules: excessivament burocratitzats.

Uns fets que confirmen els rànquings de països que periòdicament publiquen organitzacions tan diverses com l’FMI, el Banc Mundial o la CIA amb el World Factbook. Dos exemples clars d’això que exposem. El primer, segons l’IDH, observem que dels 10 països de l’OCDE amb millor benestar econòmic segons criteris de prosperitat -PIB per càpita tenint en compte les diferències de preus als diferents països a l’hora de calcular el poder adquisitiu- i igualtat, nou són europeus i vuit dels que anomenem petits més l’excepció alemanya. En aquest sentit, Crédit Suisse recordava l’agost de 2014 que els  països petits ocupen més de la meitat dels primers trenta països segons l’IDH. El segon exemple: la flexibilitat i agilitat d’Irlanda (país petit) contraposades a la burocratització i a la llunyania de la realitat d’Espanya. Irlanda ja s’ha superat del pitjor d’aquesta crisi mentre Espanya s’hi troba cada cop més enredada.

La finestra d’oportunitat per a Europa per ressorgir com a actor en el món global passa, com dèiem, per abandonar el sistema intergovernamental i fer una aposta decidida per un ordenament federal del continent. Si Europa vol ser un actor fort i mantenir el seu model com a interlocució inevitable i alternativa a allò que projecten i ofereixen gegants com els Estats Units o la Xina, haurà d’apuntar la via federal.

Per fer-ho, Alemanya, els seus landers, han d’abandonar definitivament els complexes i el sentit de culpa que arrosseguen des de la fi de la Segona Guerra Mundial. Amb més raó, ara, que els populismes i l’extrema dreta volen revifar a diferents punts d’Europa i fan de l’antieuropeïsme un signe d’identitat. L’Europa d’arrel local i vocació global necessita aquesta Alemanya que lideri, però no posseeixi, aquesta Europa glocal.

I això implica, per Alemanya, reconèixer i anticipar els nous actors que vindran. En aquesta mateixa tribuna he repetit sovint que “Si Europa ha estat oportuna per Catalunya, Catalunya ara és oportuna per Europa.” “… i necessària”, com reblava el delegat del Govern català a París, l’amic Martí Anglada. Alemanya no ho pot perdre de vista. Com expressava George Steiner a “La idea d’Europa”: ‘Europa sens dubta morirà si no lluita per les seves llengües, les seves tradicions i les seves autonomies socials’. El lema europeu d’unitat en la diversitat ha de ser promogut i per això Catalunya serà oportuna i necessària com ho seran Escòcia, Euskal Herria o Flandes; i, posteriorment, bretons, corsos o venetins…

Oportuna i necessària. Catalunya és un país modern, dinàmic, emprenedor i econòmicament fort. I la independència de Catalunya ha de ser observada, també, com un acte d’europeisme. La nació catalana pot ser un mirall al sud del nord, trencant dinàmiques i models d’altres països de la Mediterrània. Catalunya ha expressat sovint que en cas d’independència, assumiria la corresponent part del deute espanyol -un deute irrecuperable si es manté l’estatus polític actual- i, evidentment, seguiria sent aportadora neta a la UE. En paral·lel, des de Catalunya es podrien generar projectes d’enorme perspectiva europea, com un Fons Sobirà de Cooperació, dedicat en exclusiva a projectes concrets d’economia productiva i infraestructures al sud d’Europa (prioritàriament, a l’Estat espanyol). Un projecte europeu, sí, però també un projecte polític d’enorme simbolisme per com reflectiria el manteniment dels llaços entre la població espanyola i la catalana. Llaços que cal conservar i protegir, i que van des dels familiars fins els econòmics.

L’Europa glocal farà que ens retrobem i configurem com un ens polític amb capacitat per interlocutar amb tot el planeta i, alhora, atent i respectuós amb allò que som i hem esdevingut sempre.

Paradoxalment, aquest projecte aparentment modern recupera aquella idea d’Europa que van imaginar Schuman i Monnet, que la van definir com a la ‘unió voluntària de totes les ànimes europees’, la dels ciutadans, la de les nacions. I bandeja definitivament l’engendra de De Gaulle: l’Europa dels Estats.

Ara que coneixem la pitjor versió de la globalització, la que ho uniformitza tot, les societats europees reclamem l’arrelament a les realitats concretes de cada llengua i cada cultura. La quadratura del cercle, la pròpia complexitat europea, passa per esdevenir un actor global sense renunciar a cap de les dimensions locals de tots i cadascun dels europeus.

McLuhan va imaginar la vila global i ara tenim el repte de descobrir que no hi ha res més global que ser, exactament, allò que som i no pas allò que ens van imposar ser.

Víctor Terradellas

http://international-view.cat/News/2016/06/18/the-new-idea-of-europe-glocal-europe/

Tornem-hi, junts, pel sí

CLmIeWsWsAEsxmq

La feina la fan els cansats i no podem perdre ni un sol segon llepant-nos les ferides. Els resultats del 27S van ser magnífics, sense pal·liatius, però no han estat suficients perquè la generositat mostrada des de Convergència, Esquerra, la societat civil organitzada i la corrua de noms d’independents no s’ha vist completada pels diputats de la CUP. És la seva decisió i és la seva organització. La Història els jutjarà, segur, però el millor judici és el del Parlament.

Des de la perspectiva de l’efectivitat política és evident que Junts pel Sí és un instrument útil que amplifica al màxim la capacitat de mobilització electoral. Ho ha demostrat durant aquests mesos de mandat fent possible una unitat política inèdita que va molt més enllà de les sigles i que posa per damunt de tot l’establiment d’una nova República Catalana. L’equidistància expressada per mitjans, opinadors i organitzacions socials entre Junts pel Sí i la CUP en els darrers comicis sembla realment difícil que es torni a produir. Havent après, doncs, d’aquest gairebé deu mesos de legislatura, no ens ha de fer cap mena de por tornar a demanar el veredicte d’on rau la sobirania del poble. El Parlament.

Per fer-ho, cal el compromís ferm de totes les persones, organitzacions i figures independents que van fer possible Junts pel Sí. Per seguir amb més força i amb més raó. I per fer-ho, clar, cal que el president Puigdemont es sotmeti a una qüestió de confiança.

No tinc cap mena de dubte, cap, que els resultat de la qüestió de confiança -i si es dóna el cas, d’uns hipotètics comicis- aclarirà el mapa polític. En qualsevol cas, n’estic convençut, Junts pel Sí obtindrà la majoria necessària per culminar el procés d’independència. Al Parlament o a les urnes, es penalitzarà les forces que han fet impossible progressar políticament durant aquests mesos de legislatura.

He començat dient que la feina la fan els cansats. Acabo afirmant que les victòries no són mai dels covards, ni dels que busquen excuses. Avui el President ha actuat amb valentia, el cop d’efecte ha eclipsat un dia trist i ens ha fet recuperar esperança. Som un poble valent i determinat i demostrarem, ho votarem, tantes vegades com faci falta. Som-hi?

 

Víctor Terradellas i Maré

 

http://www.lavanguardia.com/politica/20160609/402395666487/junts-pel-si-victor-terradellas.html